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Turismo en Santa Cruz

Santa Cruz conserva su geografía, su flora y su fauna en un estado sorprendentemente natural, apenas modificado por la mano del hombre moderno. Una provincia muy poco poblada, que muestra riquezas inigualables, como los parques nacionales Los Glaciares y Monte León, las pinturas milenarias de la Cueva de las Manos y los andes australes, unidos por larguísimos tramos desiertos.

Es Santa desde su origen inmaculado y virgíneo, cualidades que supo mantener a pesar del paso de los siglos y aún hoy muestra orgullosa, libre de toda contaminación, apenas hollada por la mano del hombre. Fue la Cruz de los aventureros que se animaron a desafiar el rigor del clima y la estepa, aquellos audaces pioneros que marcaron el camino impulsados por el irrefrenable deseo de convivir con uno de los entornos naturales más fabulosos del mundo entero. Santa Cruz es su nombre, el resultado de esta armónica unión entre la perfección de la naturaleza y el esfuerzo del hombre.

Santa Cruz vive. Vive en el mítico viento que barre su tierra, en los milenarios hielos que bajan desde lo alto de Los Andes, en los azules lagos que besan el pie de los cerros y en los filosos acantilados que le hacen frente al Atlántico. Vive en las historias de los bravos tehuelches que suenan como un silbido en cada cañadón, en el irresistible imán que los cerros Torre y Chaltén representan para los escaladores más afamados del planeta, en el majestuoso vuelo del cóndor y en el salvaje galope del guanaco.

La Creación se muestra viva y generosa en las tres comarcas de la provincia: la Costera, la Noroeste y la Austral.

Costa Quebrada

A lo largo de más de 800 kilómetros, el litoral marítimo descubre golfos, bahías, puntas, ensenadas, rías, caletas y cabos, que en su mayor parte se cortan abruptamente y terminan en forma de acantilados, salvo algunas playas que aportan un toque de variedad al panorama. Y al atractivo paisajístico le suma el inigualable show de la rica fauna costera, protegida por una serie de reservas provinciales y nacionales: enormes colonias de lobos marinos, pingüinos, cormoranes y ostreros se pelean por el primer lugar en el cartel con el espectáculo que en el mismo mar dan las orcas y las toninas overas, especialmente en la rías que se forman en las desembocaduras de los ríos Deseado, Chico, Santa Cruz, Coyle y Gallegos.

En esrte maco, se destacan nítidamente Puerto Deseado y el Parque Nacional Monte León. La primera, ubicada a 125 kilómetros de la RN 3° (que conecta con toda la Patagonia Costera), ofrece el espectáculo deslumbrante que brinda la Reserva Natural Ría Deseado, el mejor lugar para observar la fauna de la región, enriquecido por un entorno geográfico notable, que en 1834 fue explorado por la expedición encabezada por el capitán Robert Fitz Roy, de la que formó parte un científico que estaba llamado a revolucionar las teorías sobre las especies animales: Charles Darwin (de hecho, la mejor vista de la ría se obtiene desde un paraje denominado Miradores de Darwin).

Monte León, en tanto, es el único parque nacional que la Argentina posee sobre su litoral Atlántico. Fue creado en 2004, luego de una donación efectuada por el eco-filántropo norteamericano Douglas Tompkins. Tiene una superficie de casi 63.000 hectáreas y 40 kilómetros de costa, que incluyen una pingüinera formada por unas 70.000 parejas, dos colonias de lobos marinos de un pelo y apostaderos de cinco especies de cormoranes.

Ya no sobre la costa, pero también dentro de esta comarca, vale la pena el desvío el Monumento Natural Bosques Petrificados, que millones de años atrás constituía el hogar de una variada fauna prehistórica; con el paso del tiempo, sus giantescos troncos fueron mutando su apariencia y hoy son las estrellas de esta área protegida.

Al abrigo de los Andes

Las comarcas Noroeste y Austral están enmarcadas al Oeste por los picos cordilleranos, y su relieve está determinado por el caprichoso paso de las glaciaciones, cuyo último testimonio se refugia en el Hielo Continental Patagónico y sus famosos brazos, que mueren en los lagos Viedma y Argentino, en la comarca Austral. En la Noroeste, en tanto, otros gigantescos espejos de agua, como el Buenos Aires, el Pueyrredón y el Belgrano, aún guardan secretos para revelar, semejantes a los que antiguos tehuelches dejaron esstampados en la Cueva de las Manos.

El Calafate es el centro turístico por excelencia del oeste santacruceño. Ubicado sobre la margen sur del lago Argentino, está a apenas 80 kilómetros del célebre glaciar Perito Moreno, el más famoso y más accesible de los cientos de ríos de hielo que tiene el Parque Nacional los Glaciares, un ambiente esculpido por el hielo que durante miles de años cubrió la Patagonia y lenta e incansablemente moldeó valles, montañas, lechos de lagos y cauces de ríos. Hoy, retirado en las alturas, encuentra aquí su último refugio, y tenerlo allí, al alcance de la mano en el Perito Moreno, es una invitación a olvidarse de todo y perderse en los miles de años de historia que tienen los gigantescos bloques que se desprenden constantemente de su frente, algunos de hasta 70 metros de altura.

A pesar de este contacto cara a cara, se puede tener otro, aún más cercano, gracias al mini trekking sobre el glaciar, la clásica excursión que se corona con un whisky enfriado gracias al hielo más natural del mundo. Otra excursión lacustre permite conocer los glaciares Upsala (el más grande de todos, gracias a sus casi 600 kilómetros de superficie), Spegazzini (cuya pared frontal es la más alta: alcanza los 80 metros), Onelli, Agassiz y Bolado, que convergen en el lago Onelli, un pequeño espejo rodeado de lengas.

En la punta norte del parque Los Glaciares, dos gigantes del más duro granito concitan la atención de los escaladores más avezados. Se trata de los cerros Fitz Roy / Chaltén y Torre, cabezas de dos impresionantes circos de agujas graníticas. Unánimemente considerados entre las montañas más difíciles del globo, estos colosos, que superan los 3000 metros de altura, están custodiados por el pequeño pueblo de El Chaltén, capital nacional del trekking y refugio de un auténtico crisol de razas y nacionalidades, caminantes que vienen a recorrer muchos senderos de la zona y andinistas que aguardan la mejor oportunidad para conquistar las esquivas cumbres.

El lago del Desierto es el otro punto a visitar en la zona. El eje de una de las últimas disputas limítrofes con Chiel está rodeado de bosques de lengas, ñires y guindos.

Ya en la comarca Noroeste, llamada la atención el Parque Nacional Perito Moreno, el menos visitado de los parques patagónicos. Como principal impulsor del sistema de áreas protegidas, Francisco Pascasio Moreno estaría orgulloso de que la reserva que lo homenajea albergue, en un estado sorprendentemente inmaculado, a todos las especies animales propias de la Patagonia: huemules (cerca de la frontera con Chiel habita una de las más importantes colonias de este robusto ciervo que subsisten en la Argentina), guanacos (muy confiados, forman manadas enormes), aves acuáticas (el macá tobiano, flamencos, cisnes de cuello negro, cauquenes, birgúas y varios patos diferentes), cóndores, zorros grises y colorados, choiques…

El otro sitio ineludible de la comarca Noroeste es el cañón del río Pinturas, sitio que los primeros habitantes de estas tierras eligieron durante ocho milenios para dejar su enigmática impronta. Allí está la Cueva de las Manos, que alberga la mayor concentración de pinturas rupestres de la Argentina: a lo largo de unos 600 metros de paredones, aleros y la propia cueva, se reparten más de 800 negativos de manos, de los más vivos colores, junto a representaciones de guanacos, y, en menor medida, de matuastos (una especie de lagartija autóctona), choiques y hombres, además de distintos dibujos abstractos.

Mil paisajes, cientos de historias, tres comarcas, una provincia. Santa Cruz espera. Paciente, pura y natural, recibe con los brazos abiertos y el corazón bien dispuesto a todos los que tengan reservado un lugar para el asombro.

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